8 jun 2015

MIGUEL HERNÁNDEZ, POETA, RAÍCES Y ESPERANZA II

Un pequeño repaso a la poesía y literatura visual. II

 

 De su tinta.... me llega de nuevo su imagen





Sólo quien ama...vuela



¿Quién al rayo detuvo...?



En este campo, estuvo el mar...



...compañero del alma

CITA A CIEGAS

Cuando Freud puso el anuncio en el periódico buscando compañía femenina de fin de semana, no pensó ni por un momento que pudiera llamarle alguien con el físico de Nieves Perrero. Ni por supues­to alguien con la inteligencia de Isabel Gemidos. Pero si le llamó Patri­cia Gómez. Guapa, inteligente, multimillonaria, con coche nuevo y una sonrisa que abarcaba gran parte de su simétrico rostro. Así se retrató por teléfono la mujer que volvería loco al demente de Freud.


Había quedado con ella en el bar de Partenón, a unas dos millas de Pantano Seco.
Como de costumbre llegó tarde, aunque en aquella ocasión lo hizo adrede para poder darse el piro si no le gustaba lo que allí había. Pero lo que allí había era la tía mas buena que Freud había visto en su vida.
Se acercó temblando a la mesa que ocupaba Patricia, junto a la ven­tana, y saludó con una especie de gruñido que ella interpretó como un "hola", al que correspondió con una bajada de pestanas.   
Torpemente pidió al camarero dos horchatas on the rocks, y la cuen­ta, por favor, que hay prisa.
Patricia se presentó ofreciendo su sonrosada mejilla a los húmedos labios de Freud. Freud secó sus labios de lado a lado y se abalanzó sobre ella con tantas ansias que, las bebidas, la mesa, algunas sillas y ellos dos también; fueron a caer al suelo formando tal alboroto que el dueño del local, Anthony, tuvo que llamarles la atención con una escopeta de cánones recortados.
Entre disculpas y risas, Freud ayudó a levantarse a Patricia esperan­do una bofetada de un momento a otro. Pero no fue así, Patricia rio de mala gana la torpeza de Freud e incluso se cagó en su padre, pero nunca llegó a la agresión física.
Una hora más tarde estaban en casa de Patricia. Ella preparaba unos huevos revueltos en la cocina. Él la observaba por detrás. Observaba sus curvas, sus movimientos de culo, el nudo del delantal; y se imagi­naba como caería cuando él lo desanudase. Se veía así mismo subiéndole  la falda y acariciando sus prietas nalgas. De repente ella  se dio la vuelta con la con la cuchara en la mano, y preguntó presurosa:
-¿Quieres probarlo?
Floyd tenia orbitas llenas  de espumarajos y sus ojos se le salían de las órbitas ensangrentados.
 -iSiiiiiii! – dijo exorbitado, abalanzándose sobre ella.
 Patricia no tuvo tiempo de poner el mantel, ni de servir el vino, ni de cenar,  vamos ni de algo de romanticismo preliminar, ni de quitarse las bragas. No tuvo tiempo ni de decirle que su marido, que era campeón de judo de más de 90 kilos, acababa de entrar por la puerta.



Freud no tenía ni idea de judo, y así le fue: 7 costillas rotas, traumatismo cráneo-encefálico, y magulladuras varias.
 Un mes más tarde del altercado, cuando Freud ya había salido del  coma, Patricia fue a visitarle al hospital donde se recuperaba de sus múltiples heridas. Quería saber que sería para ambos, y sobre todo para él, olvidarse de su aventura.
Mientras hablaba se paseaba por delante de la ventana, dejando entrever sus moreneces tras el traje semitransparente de seda salvaje saharaui de color carmesí.
Freud no podía apartar su vista de aquel volcán de pasiones que era el cuerpo de Patricia. Ni siquiera la oía. Desde que ella entró por la puerta, empezó a babear y sudar. A cada movimiento de ella, su cuerpo temblaba y se convulsionaba, cosas del post-coma. Patricia, absorta en su discurso, tuvo la insensatez de asomarse por la ventana. Su culo se empinó un poco y la silueta de corazón que dibujó terminó por enloquecer a Freud, que , pese a tener cordajes y escayolas por todo el cuerpo, logró incorporarse sobre la cama y, dando un bote en el colchón como si fuera un trampolín, saltó cual felino en busca de su presa. Patricia en ese momento se agachó para coger el bolso que se le había caído de las manos, cuando oyó un grito aterrador que la dejó medio sorda. Rápidamente miró por la ventana para ver como Freud se estampaba contra el adoquinado de mala manera. Salió corriendo las escaleras abajo preocupada por su casi amante. Cuando llegó, Freud pataleaba moribundo. Le recostó en su regazo y le dio un apasionado beso en los labios. Freud, que ya le había echado mano a una teta, intentó decir algo, pero un coágulo de sangre intestinal que le asomó a la boca en ese momento, se lo impidió. 



Murió con una media sonrisa en sus labios, fruncidos en una mueca de placer, en medio de humedad y algo de sangre.
Patricia, destrozada por la experiencia, no volvió a contestar a ningún anuncio de contactos…mientras su marido estuviera en casa.

7 jun 2015

LA VENTANA DE LA INDISCRETA


Flora, Rosa para sus padres, decidió abandonar su trabajo como representante de maderas nobles para puertas en la firma ALCOR & NOQUE, s.l., para dedicarse por completo a su pasatiempo favorito: espiar desde su ventana (con la ayuda de un telescopio montado sobre un trípode), a las vecinas del bloque de enfrente.
Las conocía a todas de arriba a abajo (a algunas más por arriba y a otras más por abajo, según la posición del trípode). Sabía todo lo que había que saber sobre ellas: sus manías, sus defectos, sus lunares, sus tonterías..., en fin todo. Todo menos sus nombres. Flora no sabía cómo se llamaban, y esto llegó a obsesionarle de tal modo, que fue, y se enteró.

Hizo fichas de cada una de ellas, fichas con sus datos personales, medidas, fotos de carnet, de cuerpo entero, de cuerpo y medio, etc.); montones de fotos de sus vecinas con las que había empapelado su habitación.

Hacia turnos, alternando los horarios, de tres horas ininterrumpidas delante de la ventana de cada una de ellas durante las 24 horas del día. Su hermana, que estaba internada en un monasterio desde que vio un programa entero de Isabel Gemio, se preocupaba por la insana actividad de ella, e incluso un día llegó a decirle "Flora, pisha!, eso que tienes entre las piernas es el telescopio,  el trípode…?  Si parece un móvil", pero ni por esas.
Su hermano, con muy buen ojo clínico, intentó hacerle com­prender , a base de golpes de voz, que eso que hacía no era normal. Pero Flora no prestaba atención a nadie, ni siquiera a su hermano , no hacía el menor caso.

Los ojos se le salieron de las órbitas de tanto apretarlos contra la mira del telescopio, o la pantalla. La columna se le atrofió de tal forma que ya no lograba ponerse de pie; enfermó gravemente por falta de oxigenación y se murió.

El médico dijo que murió por una hepatitis, pero todos en el barrio sabían de muy buena tinta que Flora murió por indiscreta.

5 jun 2015

MIGUEL HERNÁNDEZ, POETA, RAÍCES Y ESPERANZA

Un pequeño repaso a la poesía y literatura visual.





Tres heridas...
Julián Alonso








"Me llamo barro, aunque Miguel me llame"...
Tomás Camacho






Nana, nanita, nana...
Paco González


O NIDO, O TRAGALUZ

Era otro amanacer esplendoroso, impregnado de eso que llaman alegría. El cielo ya mostraba su azul, sencillamente hermoso, por lo suave y apastelado. Empezaba a definir la vieja  alberca, esa que a veces era  fosa mohína y cenagosa y otras, reconfortante con el sonido del paso de aguas limpias, ...muy nazarí
Allá, un gallo se desgallitaba; no muy lejos, el pequeño mastín ladraba revolotenando con las gallinas ...todo parecía una venganza en el patio, una rebelión en la granja que nunca llegó a ser, sin embargo la fragancia de jazmines y nísperos anunciaban el oráculo de ser la primavera, la primera vez.
Todo esto a penas lo percibía visualmente, eran mis otros sentidos, olfato, oído, ...y la sensibilidad de la piel que había estado compartida. Tan sólo un  tragaluz separaba el nido de la realidad.
Recuerdo esto con los parpados cansados, rojizos del roce de mi mano sobre ellos para incitarles a que sigan abiertos, que dejen de sangrar...

Ya no tienen las arrugas propias de mi edad, más bien parecen maquillados.
Entonces pienso el tiempo perdido en no ver, tocar, oler revolotear con la realidad en lugar de estar constántemente en el nido...
Con voz apagada y con la rabia contenida, colocando mis manos temblorosas sobre mi rostro me digo, te vas, me fuí, no pasamos del nido, no traspasamos el tragalúz.

3 jun 2015

LA GUITARRA

Permítase el gracejo andalúz...a una amiga.

1 jun 2015

SOLEDAD Y CASTIGO



En la soledad de tus recuerdos,

Cuando el aire se demora en su volar,

Cierro los ojos y sueño que estoy vivo.

Se estremecen los pétalos al llorar

La vida se vuelve muerte al despertar,

Tus ojos son solo espejos de dolor

Los labios bordes de abismo eterno.

Tus dedos látigos de memoria olvidada.



Siento el calor de tu alma en mi pecho

Solo un recuerdo de lo que añoré,

Lo que desee con ardor y me negaste,

La caricia del despido en mi nuca.

 Aceptaste mi sangre enfebrecida,

Mi entrega de esclavo a tu antojo,

Mi carne, liquido de ardiente madreperla,

Las manos de entrega de espíritu fiel,

Vida entera hasta el último suspiro,

Usaste, maltrataste, tiraste y olvidaste.

Y aún en tu crueldad tu  recuerdo es miel.



El mundo es un desierto de arena a mis pies.

Sediento, voy perdido, alejándome de mí;

Corro enloquecido huyendo de mi recuerdo,

Busco una sima infernal donde arrojarme:

Mi alma no será tan profunda como deseo;

Caer, y caer hasta dar contigo al otro lado

No hay ya misericordia para mi pecado

La penitencia de no quererte recordar…

y recordarte, es mi sentencia.

 Soy reo.